Probablemente esclavo, de origen frigio, la figura de Esopo está rodeada del mismo halo de misterio que la de la de ese otro gran escritor griego. creador de la épica clásica, Homero. Y, del mismo modo que sucede con Homero, existen investigadores que niegan incluso la existencia real de Esopo.
Esopo, figura real o literaria, vivió en Grecia, en el siglo VI a. de C. Parece que pasó gran parte de su vida al servicio de un ciudadano de Samos y murió en Delfos, arrojado por un precipicio, victima de una falsa acusación de robo sacrilego.
En reconocimiento a su obra el pueblo de Atenas encargó al escultor Lisipo un busto del poeta, que fue colocado en el ágora ateniense y hoy puede contemplarse en el Museo Albani de Roma.
El verdadero y más importante mérito de la fábula clásica griega es el haber supuesto el comienzo de una larga tradición, que se prolongaría hasta épocas recientes. Y a Esopo le corresponde, precisamente, el honor de haber sido, sino el creador, si el cristalizador del género, que a partir de él posee ya un molde definitivo que todos los fabulistas posteriores adoptarán.
Las fábulas de Esopo son relatos breves, concisos, que pretenden, exponiendo la acción de unos personajes cuya conducta se valora, ofrecer una lección moral. Dicho de otro modo: las fábulas esópicas son la expresión de una máxima de conducta ejemplificada por medio de una breve historia.
