En Pasión intacta, Steiner se ocupa del lenguaje y de las relaciones del lenguaje con la literatura y la religión. Reafirma la primacía de la lectura en el sentido clásico en una época en la que el arte de leer y el estatus del texto han sido amenazados por movimientos literarios que cuestionan su validez y por una realidad de avance tecnológico que ha cambiado las relaciones entre el lector y el texto.
Steiner cubre una temática amplia que va de Shakespeare a Kafka, Kierkegaard, Simone Weil, Husserl y Freud.
El tema del destino trágico del judaísmo atraviesa su pensamiento, especialmente cuando reflexiona sobre si la escritura judía y el Talmud son el verdadero hogar de lo judío: cuando establece un paralelo entre la última cena de Sócrates y la Última Cena de Jesús para señalar la interacción entre los dos mundos del espíritu que cimentan la cultura occidental: o cuando señala a los cristianos como responsables de su hipocresía e impotencia durante el Holocausto.
