Johanna tenía once años cuando detienen a su hermano Joe por delinquir contra la raza pura : Joe-judio-tenía una novia alemana. No volvió a verlo jamás. Tenia quince años cuando ve partir a su hermano Salo para integrar la resistencia en Polonia. Con dieciséis años la separan de sus padres y su hermana menor: ellos morirán, al igual que Joe, en Auschwitz años más tarde. Johanna, hasta los 21 años, estará presa en un campo de concentración de trabajos forzados en los Sudetes.
Hasta aquí una historia más del horror y sufrimiento de millones de judíos europeos bajo el nazismo.
Pero este relato -si bien atraviesa ese horror y ese sufrimiento- es un testimonio de la fuerza de vivir de una joven que tira al altamar su cuaderno de memorias en el camino a una nueva vida. Cincuenta años más tarde abre el cajón cerrado de sus recuerdos porque no lo he olvidado, no los he perdonado ni los podré perdonar nunca : sólo la memoria -dice Marcelo Viñar- puede exorcizar el horror vivido y preparar las condiciones de un olvido constructivo.
La alegria de vivir, la ausencia de amargura del relato de Johanna, muestra la realidad del horror nazi desde una óptica distinta. Y nos enseña que la vitalidad y la rebeldia son una fuerza que permite salvar el amor e impulsar la vida.
Johanna se pregunta, al finalizar su testimonio, la razón que la llevó a escribir estas memorias y sólo encuentra como respuesta una serie de preguntas: todas ellas reafirman que no es con el olvido que se evita que el horror se repita.
