NOTA DEL ESCRITOR
Tragados por la selva, atrapados en la vastedad del universo, abrazados por el mar, los humanos solemos experimentar esa doble sensación de ser tan pequeños pero a la vez parte de esa inmensidad.
La tarea de escribir un libro cuyas características es narrar una experiencia real que puede rayar en los límites de lo posible con lo imposible, es por cierto gigantesca. Tan grande que para un inexperto en el arte de escribir, no puede más que despertar un sentido de verdadera modestia.
Quizá haya sido el real propósito de los auténticos autores de Naamuka, valerse de un escritor consciente de sus limitaciones. De cualquier forma, en este caso interesa más el mensaje que quien lo porta. Uno es el medio, los fines se encuentran más allá.
Halagado por ser parte activa de esta inmensidad que con Naamuka comienza a vislumbrar y sintiéndome pequeño ante la vasta profundidad de antecedentes que me fueron transmitidos, ruego al lector que al terminar la lectura de este libro, me siga percibiendo como el ser imperfecto que soy, sujeto a las desdichas y felicidades que todos los humanos compartimos.
César Uhet.
