Año 711 en la Península Ibérica. La población, agobiada y harta de pagar altos impuestos a los reyes visigodos, mira indiferente, si no con alivio, la llegada de las hordas sarracenas traídas de la mano del traidor Conde Don Julián.
El lector es testigo de una invasión relámpago llevada a cabo por un pequeño ejército árabe, de apenas doce mil hombres, que consigue en pocos días apoderarse de media Península.
Faltos de un líder, los nobles visigodos contemplan impotentes cómo su reino desaparece y muchos de ellos se ven obligados a huir, bien a la Galia, bien a las montañas del Norte.
Desde su último reducto en Asturica, un pequeño grupo de Cristianos deberá afrontar la reconquista del territorio perdido.
Don Pelayo primero y Alfonso I después, serán las personas elegidas por las circunstancias para jugar un papel protagonista en la creación de un nuevo reino.
